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María, Sierva de Dios

Maria, la mujer mas venerada por la Iglesia Católica Romana, es sin duda una de las mujeres que Dios uso para realizar su obra en la Tierra, pero lo que hizo ella no fue menor, Dios utilizo su cuerpo para traer al mundo a su hijo, nuestro Señor Jesucristo, según las escrituras se sometió a la voluntad del Dios Padre para concebir, esto le trajo uno que otro problema, puesto que como ser humano pensó que nadie le creería y menos José, su futuro marido, que el hijo que tenia en su vientre, concebido por medio del Espíritu Santo, era el Hijo Dios; pero Dios mismo se encargo de tranquilizar a José, por medio de revelaciones en sueños. Luego de que se caso con José, viene el nacimiento del Mesías, del Salvador de la humanidad, de la Persona mas extraordinaria que pisaría la Tierra.

Después del relato del nacimiento de Jesús, y de su visita a Jerusalén, a la edad de doce años, muy poco se nos dice de María. Según la interpretación  general de Mateo 12:55-56, era madre de al menos seis hijos además de Jesús. Por petición suya, Jesús convirtió en vino el agua en Caná. Su primer  milagro (Juan 2:1-11). Mas adelante, se le menciona cuando trataba de llegar hasta El entre la multitud (Mateo: 12:46; Marcos: 3:31; Lucas: 8:19), en cuyo incidente las palabras de Jesús indican claramente que su relación familiar para con El no le  daba a ella ninguna ventaja social o espiritual en especial. Estuvo presente en la crucifixión, y fue encomendada por Jesús al cuidado de Juan (Juan 19:25-27). No existe relato bíblico, tampoco histórico que Jesús se le haya aparecido a ella después de su resurrección, aun cuando sí se apareció así a María Magdalena y a sus discípulos. La última vez que la vemos es en Hechos 1:14, en oración entre los discípulos. Esto es todo cuanto nos dice las Escrituras acerca de María. De entre las mujeres que figuraban en la vida pública de Jesús, María Magdalena parece haber desempeñado un papel mucho mas prominente que el de su madre (Mateo 27:36,61; 28:1; Marcos 15:40,47; 16:9; Lucas 8:2; 24:10; Juan 19:25; 20:1-18).

María era una mujer callada, piadosa,  meditativa y sabia, a quien Dios honró mas que a ninguna otra mujer; la respetamos y admiramos por cuanto fue la madre de nuestro Salvador, pero no la adoramos, no la veneramos, tampoco oramos a ella por cuanto solo fue una escogida para realizar los planes de Dios, solo fue una mujer común  a la que Dios honró. Creemos que la reacción natural contra la deidificación católica Romana de María tiende a impedir que el mundo cristiano le rinda el respeto debido y aun creemos que María misma en el cielo, luciendo para siempre el honor de haber sido la madre del Salvador, le avergüenza, humilla y molesta el culto idolátrico y abominable del que es objeto. (Éxodo 20:4-5; Deuteronomio 4: 15-19; 5: 8-10).

Maria si dio ejemplo a seguir, fue el de ser sometida a la voluntad de Dios y de su hijo Jesús.

Ahora bien; ¿Quiénes eran los “hermanos y hermanas de Jesús”, mencionados en Mateo 13:55-56 y Marcos 6:3?, ¿Hijos de María misma? ¿O hijos de algún matrimonio anterior de José, o primos? El sentido llano, sencillo y natural de estos pasajes es que eran hijos de María misma y así la ciencia lo ha corroborado hoy a través de los descubrimientos arqueológicos (véase documento Créele a Dios  “Jacobo Hijo de José, Hermano de Jesús”). Podemos decir sin temor a equivocarnos que estos eran los hijos de María misma.

Nos apoyamos a demás en la expresión de Lucas 2:7 de que María “dio a luz su hijo primogénito”. ¿Por qué primogénito si no hubo otros?.Sospechamos que jamás se habría intentado dar a estos pasajes otro sentido diferente, si no fuera por el deseo de enaltecer el celibato como forma mas santa de vida. La doctrina de la “virginidad perpetua” de María (es decir, que permaneció virgen, y no tuvo otros hijos) apareció por primera vez en el siglo segundo, entre las fábulas necias e imaginarias de los escritos apócrifos y en relación con razonamientos dogmáticos acerca de la superior santidad del celibato.

Luego vino el absurdo invento del relato del traslado de su “cuerpo inmaculado y precioso al cielo. (Elevado al dogma en 1952- tratado de Trento). Este culto de la adoración “virgen bienaventurada” creció hasta que en 1854 el papa  Pió IX ejerció el privilegio papal de fabricar hechos históricos y declaró la “inmaculada concepción” de María (es decir, que era sin pecado, nacida y preservada “libre de toda mancha de pecado original”).

En cuanto a la virginidad “perpetua” de María, ¿que de Mateo 1:25? La afirmación de José “no la conoció Hasta que dio a luz un hijo” ¿no implica de manera inequívoca que la “conoció” luego de dar a luz a Jesús?. Es decir, que cohabitaron como esposo y esposa, después de que Jesús había nacido? Además ¿es probable que José y María solamente fingieran ser esposo y esposa, siendo en realidad su apariencia de matrimonio un simulacro público? ¿Escondían la virginidad bajo el disfraz de la vida familiar? ¿Es posible creer que Dios era participe de semejante engaño e hipocresía? Y además, ¿es la virginidad un estado más santo que el de la maternidad, es un estado más honroso o digno? Por supuesto que no, todo esto es la invención de hombres corruptos que tienen como fin desacreditar las Sagradas Escrituras y las leyes naturales de Dios para con su creación.

En cuanto a las teorías “primos” y de los “hermanastros” son meras conjeturas ociosas y sin base lingüística ni escritural alguna, inventadas solamente con el fin de apoyar la doctrina de la “virginidad perpetua” de María como telón de fondo para enaltecer sobre el resto del pueblo a un sacerdote profesadamente célibe.

Queridos Amigos y hermanos en Cristo Jesús, les instamos a que la Doctrina Católica Romana no entre en nuestras iglesias de ninguna manera es permisible que el enemigo haga crecer sus enseñanzas en medio del Pueblo de Dios, las personas nombradas en las escrituras son honradas al aparecer en la hermosa palabra de Dios, y se recuerdan por sus ejemplos y hechos, ninguno es digno de veneración, ni aun los Ángeles de Dios merecen que los veneren, solamente la Excelencia de Jesús nuestro Señor es digna de toda adoración y alabanza, Honra y Gloria, Imperio, Potencia, por los siglos, amen.

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